"Zia en Orsai: La quema de mi judas"
Un pedido siempre viene disfrazando otra cosa.
ESO (IT, el mensaje
maldito) se tarda en aparecer y está tan oculto para nuestras ansias terrestres
que cuando se apersona nos sacude hasta la etiqueta raída del calzón.
Recibo un mensaje un
día, era Margarita, presentándose me cuenta sobre su interés en mi trabajo gráfico
para un proyecto de la Editorial Orsai, de la que forma parte.
Sudo frío de
entusiasmo y le respondo sí, quiero.
En esos microsegundos
que se suceden ante una insospechada enorme oportunidad lo pienso todo. En mi
caso son siempre fantásticas escenas, tengo la desgracia de la proyección
peliculera intraretina aguda. En esos pochoclos rosados que engullía en el
imaginario se estaba rebelando un potencial inexplorado hasta ese momento:
crear tapas de libros. El flash fue tan rápido y generoso que pude verme en las
librerías del mundo.
La propuesta era
realizar una prueba para el arte de tapa de tres libros a publicar, específicamente
para las cubiertas, esa hoja fina que cubre la tapa original para que nadie la
engrase mientras lee y come. Los elegidos eran 3 autores argentinos, que
conformarían la colección Los Disruptivos.
Según la editorial, 3 libros duros, despiadados, conmovedores y oscuros: ´Derretimiento´,
´Garche´ y ´Los despiertos´.
Me llegan los textos
y comienzo la visita a las profundidades.
Todos tenemos un lado
oscuro, aunque lo tengamos guardado en un frasco en el fondo de la heladera o nos
hagamos los naifs. Esa parte propia la conocí tiempo antes y se mostró como un
sacudón de manchas confundidas, espectros del humo de los incendios internos,
vahos de los alientos entrecortados de los que a veces no sabemos salir ni pedir
un abrazo de auxilio. Todo eso se manifestó y decantó en forma de poesía, mi
tónico resucitante. Vómitos de bichos apalabrados extirpados desde el pantano
de mi humanidad.
Aquel descubrir de la
sombra me dió alivio y libertad, como una suerte de cicatrización o fin de la
infección primordial, de modo que entré a la lectura de los oscuros con cierta
empatía a los espejos deformados, toda una vecindad ya conocida.
Empecé con Derretimiento de Daniel Mella. No podía
parar de leer. Lo atractivo de no poder creer las imágenes que se forman durante
el relato, lo asombroso de saber que esa percepción existe, como todo lo que
existe y evadimos por parecernos terrible o lejano. Las sensaciones literales
no las voy a describir, léanlo y permítanselo ustedes mismos.
El proceso creativo
en general se me presenta como algo no placentero, una catarata de imágenes en
un cosquilleo incómodo.
Pasan los días. Llama
Margarita. Me ajusta las fechas para entregar los bocetos. Sigo leyendo.
Comencé a subir la
escalera de carne de los 6 cuentos de Juan Sklar, otro universo inexplorado hasta estos 40 años: la lectura erótica
y sexual. Tan fuera de mis lecturas cotidianas y tan tangible como los cuerpos
que habitamos. Los relatos tienen una mezcla divina entre inocencia y fuego,
tejidos por un lenguaje concreto y sin vueltas que habitan escenarios de los
más diversos. De alguna manera sentí que me conectaron con la tierra que tanto
me cuesta. Tengo alma de barrilete enamorado de lo inabarcable.
Termino la lectura de
dos de los tres libros. Se declara la tormenta.
Se me arma un
revuelto gramajo de imágenes y palabras. Notas sensacionales en letra ilegible.
Embrollos de los que debería salir la propuesta. Sufro. Me duele la panza.
Aunque mi apariencia sea de agua de arroyo adentro soy mar banderín rojo y
volcán explotando todo junto. Mi mente dice todo el tiempo derretimiento, garche, derretimiento, garche derretimiento, garche,
¿- finalmente enloqueceré esta vez? -me
pregunto. Me contesta un torbellino mental y la parálisis corporal: las manos
no ejecutan la imagen, porque son lentas, porque no saben dibujar lo que veo
por adentro. Es un parto, otra vez.
Mando unos bocetos a
Margarita. Le gusta el de Derretimiento. El de Garche también lo aprueba, aunque le falta la propuesta de color…
Cada vez que tengo
que corregir algo es un hay que hacerlo
de cero. Llevo en la sangre esta presencia de la cosa palpable, el
romanticismo innato por los oficios y las cosas hechas a mano, que se yo. La
reproducción que haga no será la misma que la original, porque en el fondo amo
esa unicidad, como nuestro adn. Cualquier gesto nuevo entre mis manos con la
pintura tendrá otra huella y eso me apasiona.
Pellizco, realidad.
No puedo hacer los
cambios tan rápido. Llevo haciendo 5 originales de Derretimiento, Y lo peor, hay que decirlo: no veo ni por asomo los
colores de Garche (cualquier
similitud con la vida real es pura coincidencia). Tal vez los veo, pero no los
puedo manifestar (cuac otro espantoso
espejo)
Ya cansada de las
pilas de cartones y pinturas sobre las mesas de toda la casa abro de un
manotazo de ahogado la computadora. Acto seguido voy a buscar una caja bien
guardada contenedora de una tableta digital para dibujar. Surge a la vez una nubecita
de polvo y la frase: -Esto te va a agilizar mucho! –Textuales palabras del
novio de aquel tiempo que me la regaló, hace como 9 años. Nunca la usé, es que
la computadora… todo se desanima adentro mío cuando estoy con esos aparatos,
pero esto era una urgencia. Era sobrevivir al siglo 21 y su inmediatez resolutiva
de alguna manera.
Margarita me manda
ultimátum de entrega. Me frunzo.
Pasé 2 días con el
cuerpo rígido frente a la computadora, de pijama cuadrillé y sacón de lana verde
botella, metida cual tortuga debajo de la capucha que a su vez ajustaba al
cuello con la chalina pied-de-pull. Las medias rayadas celeste y blanco que me
tejió Lidia la vecina bien puestas hasta las rodillas, como para jugar un
campeonato, de tope las chinelas hindúes de cuero que encontré en el once
alguna vez. No estaba segura si el frío era propio del invierno en tránsito, si
venía desde la computadora, sus cables y todos sus sistemas o si el
congelamiento venía desde mí.
Así y todo, parecía
que la cosa avanzaba, al menos veía colores rápidamente buscando componerse en
la tapa de Garche y todo gracias al lápiz de plástico y la tableta digital
rescatadas de aquella otra era y un sujeto visionario.
La paleta de colores
buscaba ser pareja con la de Derretimiento, que venía con las cosas más claras,
aunque su título diga lo contrario (algo que nos pasa a todos eso entre la
apariencia y la realidad).
Sigo con pruebas de
color, hago varias.
Pero entonces me
empieza a picar algo más: otras imágenes, extranjeras hasta el momento, una
nueva posibilidad fuera del diseño ya decidido se asoma a mi cabeza: Es una
lengua gigante que se mueve, me coquetea. - Basta, ya tengo elegido este diseño
y Margarita lo aprueba- me digo.
Más incomodidad.
Calor.
La lengua enroscada
formando el título me roza. Es fucsia, suavecita, es perfecta.
Alerta naranja de mi
ecuador: -no me gusta el diseño!!! dije.
-Qué!!? Dije también
Tanto tiempo con el
culo en la silla y con los dedos atrofiados, y la verdad era que no me gustaba
lo que estaba haciendo para Garche.
Las preguntas
cuchillo no tardan en aparecer:
¿Había tiempo para
hacer una nueva propuesta?
¿Podía hacer caso a
esa lengua brillosa, tentación de lo impensado?
Y la más siniestra y
temida: ¿Le gustaría al comité Orsai?
Eran las 7 de la
tarde del 19 de julio del 2021, básicamente tenía la noche encima en todos los
sentidos.
Mudo al piso todo lo
de Garche, lo estoy odiando. Agarro
el papel de almacenero que uso para bocetar y dibujo: g-a-r-c-h-e.
Letra cursiva, gorda,
carnosa, rosa envolvente, con papilas de los mejores sabores. Paso el boceto a
otro papel, lo coloreo y la lengua me dice: ¡sí nena! Esta sos vos.
El alivio y el
entusiasmo me volvieron al cuerpo, termino la nueva tapa, a mano por supuesto, respiro.
En el baile le
escribo a Margarita, le cuento sobre lo ocurrido, ella tan amable entendió mi
estado tsunami creativo y me dio paz. A continuación, le envié las imágenes
finales de las pruebas, quedó en comunicarme a la brevedad la elección de la
editorial, ya que había otro diseñador presentado su trabajo.
Respiro otra vez y
sonrío porque en todo ese barullo me había asesinado. ¿Saben?
Estuve padeciendo,
retorciéndome del miedo en un molde que tenía la forma de “quiero gustar a toda
costa”. Espantosa rigidez de mi espíritu que luchaba incansable contra el ego
fatídico. El ego que quería luego pavonearse diciendo –“hice unas tapas para Editorial
Orsai” mientras aplastaba por debajo a la Ana sutil y mi alta convicción sobre
el sentido del todo.
Sufrí como nunca.
Siempre sufro un poco mientras estoy gestando algo, una sensación de esta por salir pero no lo veo, el
tiempo, la ansiedad, la no correspondencia de las manos con la mente y sobre
todo el qué dirán. Desde el momento volantazo en que decidí tirar todo lo que había
hecho y empezar de cero, descomprimí. Fui libre de la presión, de la foto
gloriosa impostada en mi mente, del orgullo de mi madre, de mi padre desde el
más allá, de mi familia, de los que están seguros que vas a llegar a algún lado
remoto, de todas mis amigas, del chico que me gusta, de cualquier un otro. En
esa necesidad de reconocimiento externo hay tantos factores invisibles, todo
eso que en realidad no existe pero que amedrenta.
Seguir a esa lengua
significó seguir mi voz, cuanta literalidad. Ya no me importó más que me
elijan… ¿Cuánto miedo me da en realidad que NO me elijan? ¿Por qué? ¿Cuánto
miedo me da en realidad que SÍ me elijan? ¿De qué sirve que me elijan si lo que
estoy dando no me representa, no me identifica? ¿Por qué busco en otro la
aceptación? ¿Hasta qué punto estoy haciendo lo que de verdad quiero hacer?
Cada cosa es reflejo
de uno, nos guste o no verlo, y lo mismo se presenta en otras situaciones en
todas las áreas de la vida.
Este es el cuento de
cómo casi me traiciono, de cómo me prendí fuego, de cómo algo tuvo que morir,
una vez más.
Al día siguiente de
enviar mis propuestas a Margarita llegó el veredicto. El jurado Orsai había
elegido al otro diseñador, otro estilo bien distinto, bien digital.
La buena noticia es
que yo me había visto previo a su decisión, y de yapa nació este texto íntimo.
Se los comparto completo para seguir legitimando cómo a todos nos pasan las
mismas cosas. Las tapas para este cuento ya las tengo, están ilustradas a mano
y al fin salen a la luz, después de mucho garche entre miedos y fantasmas y el
derretimiento de mi judas interior.
Viva el fuego
interior, la entrega sentida y las lenguas de la verdad.
- Zia Margaret (no contratada) para Editorial Orsai.
Todo honor y toda
gloria
Luján, enero de 2023.
Ana Ortiz.






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